21 de marzo de 2024
La formación (de las personas) para el consumo es una herramienta para la imprescindible transformación del (modelo) de consumo actual.

 

Es claro que modelo de consumo que se ha venido impulsando en las últimas décadas, nos dirige hacia escenarios poco saludables tanto para las personas consumidoras, como para el medio ambiente y la naturaleza.

Por este motivo, nuevos modelos de consumo más conscientes, saludables y sostenibles tendrían impactos inmediatos en la salud física y emocional de las personas consumidoras y, por extensión, mejoras socioeconómicas y medioambientales a un nivel más global. Efectivamente, la promoción de hábitos saludables de vida en las personas lleva aparejada necesariamente a una disminución de costes públicos en salud al mejorar, simultáneamente, el bienestar y las condiciones de vida de las mismas.

La palanca para el cambio

La educación y la formación  para el consumo se configuran en este escenario como una palanca de cambio y de transformación más necesaria que nunca.

El consumo de bienes y servicios está generado, bien por una necesidad (real o ficticia), bien por un impulso publicitario. Está bastante comprobado que el componente emocional en las compras es muy preponderante frente a otras motivaciones y que la razón “entra en juego” a posteriori, con el fin de justificar las compras ya realizadas.

En resumen, serán nuestras emociones las que definan nuestras compras y éstas tendrán una repercusión directa en nuestra salud (física y metal), en nuestra economía, en nuestro entorno y en el medio ambiente. Lo que consumimos puede contribuir decisivamente en la generación de accidentes o enfermedades, así como adicciones, insatisfacciones y frustraciones de diversa índole y gravedad. Todo ello en un mundo cambiante en el que algunos sectores de la población, como los adolescentes, son altamente influenciables por presiones publicitarias o sociales.

En este marco, la educación para el consumo propone lograr la transformación de la persona consumidora (niños, jóvenes, adultos) desde un agente pasivo hacia una persona activa, crítica consigo misma, con sus necesidades, y también con la sociedad y los mecanismos que regulan las relaciones de consumo.

La red estratégica

La Red de Centros de Formación para el Consumo (CFC) del Principado de Asturias, a través de una extensa oferta formativa de 127 actividades organizadas en 34 talleres, promueve y facilita que las personas usuarias de cualquier edad y condición, puedan adquirir habilidades y destrezas personales en materia de consumo, en un contexto que abarca 10 áreas temáticas: alimentación, medio ambiente, salud y seguridad, tecnologías de la información y la comunicación; farmacia, servicios bancarios, textil, publicidad, control de mercado y resolución de conflictos.

Cerca de 20.000 personas pasan cada año por la Red de Centros de Formación para el Consumo de Asturias, en los que realizan una auténtica "inmersión en consumo", a traves de una metodología de "aprender haciendo" en las excelentes intalaciones disponibles en la Red de CFCs.

En definitiva, la Educación para el Consumo es una Educación para la Vida, pues, desde que depertamos hasta que nos acostamos, no estamos sino consumidendo bienes y servicios de manera continua (alimentos, ropa, combustibles, agua, energías, internet, medicamentos, viajes, productos de todo tipo...). ¡Incluso dormidos, todos también consumimos!

Por todo ello, hoy más que nunca, conviene recordar el impagable valor que se aporta a la sociedad a través de propuestas como las que ofrece el Principado de Asturias a través de su Red de Centros de Formación para el Consumo, formando y educando a personas consumidoras conscientes, responsables y solidarias.