¡Ojo! Con el fraude alimentario

Hoy dedicaremos unas líneas a una práctica cuyo objetivo es obtener un beneficio económico a costa de nuestra salud. Acción totalmente censurable, deshonesta y engañosa para las personas consumidoras, puesto que al modificar la calidad de los productos puede conllevar serios riesgos como enfermedades graves, intoxicaciones o reacciones alérgicas. Hablamos del fraude alimentario:
“Cualquier acción deliberada e intencionada, realizada por individuos o empresas, para engañar sobre la integridad de los alimentos o su información, como el etiquetado, con el fin de obtener una ventaja económica ilícita”.
Ejemplos más comunes que ponen en peligro la seguridad alimentaria:
- Adulterar el producto: añadiendo agua a la leche o gel en carnes.
- Vender de forma engañosa: ofreciendo salmón de piscifactoría como si fuera salmón salvaje o carne de caballo en lugar de vacuno.
- Manipular el etiquetado: modificando fecha de caducidad, origen, información nutricional, ocultando alérgenos o incluyendo distintivos alimentarios de calidad en productos sin que cumplan los requisitos, entre otros aspectos.
Consecuencias de estas falsificaciones, múltiples:
- La principal, poner en riesgo la salud pública.
- El perjuicio económico para las personas consumidoras al pagar por un producto que no es, en realidad, lo que ellas quieren.
- Generar desconfianza respecto a la calidad y seguridad de los alimentos.
Hace unos días diversos medios de comunicación nos informaron sobre una operación internacional contra el fraude alimentario llamada Opson XIV. Ésta se llevó a cabo en 31 países y en España, el resultado de las actuaciones fue la incautación de 11.500 toneladas de productos ilícitos, tales como bananas etiquetadas como plátano de Canarias con su correspondiente distintivo de Indicación Geográfica Protegida (IGP), también pescados y mariscos a la venta sin trazabilidad y en mal estado, o productos congelados en los que la cadena de frío no había sido respetada, así como productos cárnicos que presentaban su trazabilidad manipulada e incluso se desinfectaban con lejía o moluscos en malas condiciones organolépticas y no aptos para el consumo.
Además también se vieron afectados bebidas alcohólicas, cereales, frutas, hortalizas o productos lácteos. En dicha operación colaborarron el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan).
Desde la Red de Centros de Formación para el Consumo, también intentamos poner nuestro granito de arena en la lucha contra el fraude alimentario, como recurso destinado a la sensibilización y fomento de habilidades para la vida y, por supuesto, al tener muy presente la promoción de la salud a través de un consumo responsable, crítico, saludable y sostenible. Es fundamental la formación para la prevención, por ello ofrecemos diversos itinerarios formativos pertenecientes a las áreas de Alimentación o Control de Mercado donde abordamos este tipo de prácticas fraudulentas y algunas estrategias para combatirlas y proteger así nuestra salud, tales como:
- Leer y revisar con detalle el etiquetado.
- Desconfiar de los precios excesivamente bajos.
- Informar a las autoridades competentes ante cualquier sospecha.
Las mejores herramientas, para luchar contra el fraude alimentario, son la formación y la información.

