La lectura del etiquetado, y la distinción entre medicamentos que a priori pueden parecer iguales, es esencial para hacer un uso responsable de los mismos.
En nuestro botiquín casero se pueden encontrar medicamentos variados para dolencias leves la gran mayoría, pero que comparten un envase o embalaje externo (acondicionamiento exterior) bastante similar, lo que en ocasiones puede llevar a confusión, y favorecer que se tome aquello que no corresponde en una toma inadecuada. Ello puede causar intoxicaciones y riesgos serios para nuestra salud. Por este motivo, resulta necesario e indispensable distinguir adecuadamente cada fármaco, y organizarlo dentro del espacio destinado para guardarlos, ya sea un botiquín o un cajón. Entre las recomendaciones que se aluden para poder evitar estos accidentes y disminuir el riesgo en la confusión de medicamentos se destaca:
Guardar siempre el medicamento en su envase original, junto con el prospecto. Nunca dejar un blíster o frasco sin su embalaje, ya que eso nos dificultará conocer para qué se utilizaba.
Apuntar en mayúsculas y con rotulador por ejemplo, en el envase exterior, para que era ese medicamento, y también cuántos comprimidos corresponden a cada toma y cuándo ha de realizarse.
Intentar acostumbrase a llamar a cada medicamento por su principio activo y su nombre.
Ante cualquier duda que nos pudiera surgir en cuanto a su toma y cantidad o número de comprimidos que corresponde, no aventurarse y consultar primero con personal especializado, bien con nuestro médico o médica de referencia, como con el farmacéutico o farmacéutica.
Además de estas recomendaciones, debemos de tener en cuenta un punto esencial, el de evitar utilizar el botiquín casero como si de un almacén se tratase. Revisarlo periódicamente, cada 6 meses al menos, y llevar al Punto SIGRE aquello que no se vaya a necesitar es importante para garantizar un consumo responsable de medicamentos, disminuyendo posibles riesgos para nuestra salud.