Los supermercados están reduciendo progresivamente el uso de plásticos en sus productos mediante nuevos envases, formatos reutilizables y más venta a granel.
Los supermercados están acelerando la reducción del uso de plásticos en sus lineales, impulsados por nuevas normativas europeas, cambios en el consumo y estrategias propias para disminuir residuos. Este proceso ya se refleja en la forma en que se presentan los productos, especialmente en frutas, verduras y alimentos envasados.
Uno de los cambios más visibles es la progresiva desaparición de bandejas y envoltorios de plástico en productos frescos. Cada vez es más habitual encontrar frutas y verduras vendidas a granel o en envases alternativos como cartón, malla de fibra vegetal o celulosa. Algunas cadenas también han rediseñado sus envases para utilizar menos material o hacerlo más fácilmente reciclable.
Las botellas y recipientes también están evolucionando. En muchos casos incorporan plástico reciclado y presentan modificaciones en el diseño, como tapones unidos al envase o formatos más ligeros para reducir el consumo de material. Estos cambios responden a objetivos de reducción de residuos que marcarán el funcionamiento del sector durante los próximos años.
Otra tendencia en crecimiento es el impulso de sistemas reutilizables. Algunos establecimientos están probando fórmulas que permiten devolver envases o rellenarlos, mientras que otros fomentan la compra a granel para reducir el embalaje innecesario. La reorganización de los espacios en tienda refleja esta transición, con más zonas dedicadas a productos sin envase o con packaging mínimo.
El proceso también plantea retos logísticos. La conservación de alimentos frescos sin determinados plásticos exige nuevos métodos de transporte y almacenamiento, así como ajustes en la gestión del desperdicio alimentario. Al mismo tiempo, los consumidores se enfrentan a nuevas formas de compra, desde elegir productos sin envoltorio hasta adaptarse a envases diferentes.
La transformación hacia menos plástico avanza de forma gradual, con cambios visibles en la presentación de productos y en la experiencia de compra. El resultado es un modelo de supermercado en transición, en el que el diseño del envase se convierte en un elemento clave para equilibrar sostenibilidad, funcionalidad y hábitos de consumo.